jueves, 10 de octubre de 2013

Carmina, Abuela Campesina

AMCA entrega cada año la distinción de “Abuela Campesina”, con la que desea premiar valores como el esfuerzo, la entrega a los demás, el sacrificio, la energía y el tesón, que consideran propios de la mujer rural. Este año, el homenaje recae en Carmen Rodríguez Fernández (Carmina), de Ardaliz (Limés, Cangas del Narcea), quien fue presidenta de la asociación desde su creación, en 1989, y que finalizó su etapa en junio de este año, para compartir más tiempo con su familia y poder dedicarse con más ahinco a su faceta de empresaria de turismo rural. Carmina nació en Bimeda (Cangas del Narcea), en una familia rural, pero no campesina. Muy joven, con 20 años, se casó con José Calvo, del Palacio de Ardaliz y miembro de una familia dedicada a la agricultura y la ganadería. Cuando se casa, Carmina no se conforma con adoptar el rol tradicional que hasta entonces correspondía a las mujeres, caracterizado por un intenso trabajo (en las actividades agrícolas y ganaderas y las tareas domésticas), pero no reconocido ni, por supuesto, remunerado. Es así que Carmina, pese a no proceder de familia campesina, comienza a involucrarse directamente en los trabajos de la hacienda. Como era costumbre, acompaña a su suegra a la feria de Cangas, a dónde lleva los quesos frescos y la mantequilla que elaboraban con la leche. Con el dinero que ganaban, proveían a la casa familiar de alimentos básicos que ellos no producían, como el aceite y el azúcar. Por seguir la costumbre también, aprende a atender al ganado y trabajar los campos. En este sentido, recuerda cómo se le hizo muy dificultoso “andar delante las vacas”, cuando tenían que preparar la tierra para sembrar los nabos. El carácter emprendedor de Carmina aparece y empieza a sugerir cambios. ¿Por qué no empezar a vender otros productos? Por ejemplo, las manzanas de Paraíso, cuyo sabor dulce y color amarillo, que derivaba en rojizo por la cara dónde le daba el sol, encantaban a las mujeres de los mineros, las únicas que, en aquellos años sesenta, podían pagar a duro la pieza... Carmina y José, el primogénito de la familia, continuan viviendo en el Palacio y allí tienen a sus dos hijos, José Juan y Alejandro. Carmina los cría mientras sigue trabajando, y es durante los años escolares, cuando comienza a aflorar, de forma visible, su vena asociativa y reivindicativa. Participa activamente en la asociación de padres, empeñada en conseguir algo tan básico como la luz y la calefacción en las aulas; a través de la asociación, crean el grupo folklórico “Los Txumerinos”, con el que recorren Asturias, llegan a Jaca y Palma de Mallorca, e incluso Lorient... Carmina vive unos años muy felices, cerca de los suyos e insuflando en ellos el deseo de superación y la cultura del esfuerzo. Un rasgo de su personalidad que la define como persona es, además, su intenso compromiso político. Evoluciona desde posiciones más radicales hasta la militancia en el PSOE, partido al que pertenece desde los años de la transición y en el que colabora activamente, lo que la llevaría a participar en la Comisión ejecutiva, siendo secretario Luis Martínez Noval, y en la candidatura electoral, encabezada por este último, con motivo de las últimas elecciones que ganó Felipe González, en 1993. Sin embargo, es la vena sindical y asociativa aquella con la que Carmina se siente más identificada. Cuando UCA (Unión de Campesinos Asturianos), nacida en 1977, nombra una delegación en Cangas del Narcea, José Calvo se afilia pues es plenamente consciente de las dificultades del campo y los enormes retos a los que los empresarios del campo se enfrentan. Como no podía ser menos, Carmina participa junto a su marido, llegando a convertirse en la primera mujer secretaria de organización de este sindicato. Su participación activa en UCA la lleva a exponer una ponencia, sobre la problemática de la mujer rural, en el primer congreso de la organización. La idea fundamental de su intervención, constituyó la esencia de lo que, a partir de ese momento, se convertiría en la razón de su lucha: la reivindicación del papel que corresponde a la mujer rural, una mujer que gozaba de la igualdad en el trabajo, pero que no tenía recompensa ni visibilidad y a la que, sobre todo, le faltaba autoestima. De esta manera, nace AMCA entre 1988 y 1989. La Asociación de Mujeres Campesinas tiene su foco original en los concejos de Allande y Cangas del Narcea. Es el 14 de febrero de 1989, cuando Carmina, acompañada de sus fieles colaboradoras, recoge los documentos de constitución de la asociación en la Delegación del Gobierno en Oviedo e inicia una intensa actividad, dedicada a conseguir el reconocimiento social de la mujer del del campo y la conservación de su memoria cultural. Sobre todo, encamina sus esfuerzos a alcanzar dos cuestiones básicas: la concienciación de cada mujer, sobre su papel fundamental en la empresa familiar y la formación profesional, como recurso para adquirir una mayor especialización y por tanto, capacitación. Charlas sobre planificación familiar, cursos de formación técnica, colaboración en organizaciones nacionales e incluso, europeas, llegando a participar en acciones desarrolladas en Estrasburgo... Un trabajo intenso y fructífero, que hizo a la asociación merecedora de la “Medalla de Asturias”, en la categoría de plata, en el año 2007. Además de estas múltiples actividades, Carmina, al frente de AMCA, se empeña en otras muy importantes, como la edición de un trabajo, cuya publicación contribuyera a la conservación de la memoria cultural de las mujeres del campo. Así nace “Sabores y saberes de las mujeres rurales asturianas”, miscelánea de las recetas de la gastronomía asturiana, recogidas por concejos. De forma pararelela a su intensa actividad sindical, política y asociativa, Carmina sigue trabajando en el negocio familiar, agrícola y ganadero. Atiende al ganado, cuida los partos, instala y explota invernaderos, diversifica la producción para que ésta se haga más competitiva...Su energía y el apoyo mutuo que se brindan entre ella y su marido, José, le ayuda a sobrellevar dificultades y de toda índole. Pero, sobre todo, siempre queda lugar para la ilusión, y mientras ve consolidarse a sus hijos y vive, emocionada, el nacimiento de sus tres nietas y nieto, Carmina consigue materializar lo que fue un sueño perseguido durante muchos años: la rehabilitación en 2004 de una parte del “Palacio de Limés”, para convertirlo en casa de aldea, negocio del que se declara enamorada y por el que la conocen muchos huéspedes, agradecidos de su generosa acogida. Es por todo ello que AMCA, en una nueva edición de la “Abuela Campesina”, desea distinguir a esta mujer ganadera, activista por los derechos de la mujer, política y sindicalista, que asumió como tarea fundamental de su vida, la lucha por el reconocimiento de los derechos de la mujer del campo, iniciando una revolución, cuyo fruto se puede ver hoy, ante una generación de mujeres campesinas más independientes, formadas y sobre todo, mejor preparadas ante los constantes retos de la sociedad actual.